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Artículos Técnicos y de Gestión

Preparación de cachorras para alta productividad y longevidad

Amanda Pimenta Siqueira, Alisson Ansolin y Julián Ferreiro
Servicios Técnicos de Agroceres PIC

Conozca, desde el nacimiento hasta el primer servicio, los factores que determinan la eficiencia reproductiva de la futura matriz y su permanencia en el plantel.

El desempeño de las cachorras influye de manera directa en la productividad y la rentabilidad de la granja. Esta categoría representa una proporción significativa del plantel y concentra el potencial genético que sostendrá la eficiencia reproductiva y la longevidad de las matrices.

Durante mucho tiempo, la preparación de las cachorras fue entendida como una etapa necesaria para llevar a la hembra hasta la reproducción. Ese enfoque sigue siendo válido, pero hoy resulta insuficiente. La evidencia técnica demuestra que es antes del primer servicio cuando se establecen las bases del desempeño reproductivo, la tasa de retención en el plantel y la previsibilidad de los resultados productivos.

¿En qué se traduce esto en el manejo diario? En mucho más de lo que parece. Esta mirada reposiciona la preparación de las cachorras como una decisión estratégica. No es un evento puntual, sino un proceso continuo, sustentado en puntos críticos de control a lo largo de toda la vida del animal. Y ese proceso comienza temprano: ya en la maternidad.

Maternidad: donde empieza el futuro

Un manejo inicial adecuado es el primer paso. El objetivo en maternidad es asegurar un correcto arranque inmunológico, estructural y productivo, resguardando el desarrollo corporal y reproductivo de la futura madre.

La asistencia al parto constituye el primer factor crítico. En este contexto, un correcto calostro es clave: la ingestión de 200 a 250 g de calostro en las primeras horas de vida se asocia con mejor estatus inmunitario, mayor ganancia diaria de peso inicial y mejor desempeño a lo largo del ciclo productivo.

El peso al nacer actúa como el primer filtro del protocolo. Si bien no es un factor determinante por sí solo, hembras con menos de 700–800 g presentan mayor riesgo de bajo crecimiento, retraso en la pubertad y menor longevidad productiva.

La integridad física también requiere atención temprana. La pérdida de pezones en maternidad compromete de forma irreversible el potencial productivo futuro. Asimismo, los desafíos sanitarios iniciales generan pérdidas subclínicas que afectan el ritmo de crecimiento y la competencia inmunológica de la futura madre.

En síntesis, el manejo en maternidad impacta no solo en la camada actual, sino también en la calidad genética y productiva del futuro plantel de hembras en formación.

Recría: proteger la curva de crecimiento

De la maternidad a la recría, el desafío cambia, pero no pierde importancia. El objetivo es sostener el consumo, la inmunidad y el ritmo de crecimiento, evitando quiebres tempranos que repercutirán directamente en la selección y en la preparación reproductiva.

Los primeros días posdestete son críticos. Problemas de adaptación al alimento, deficiencias en el acceso al agua o disconfort térmico reducen el consumo y generan retrasos acumulativos. En cachorras de reposición, estas pérdidas rara vez se compensan completamente en etapas posteriores.

La ambientación y la densidad adquieren un rol central. En sistemas cada vez más intensificados, aumentar la producción por metro cuadrado exige infraestructura acorde. Cuando la densidad, el tipo de piso o la disponibilidad de bebederos no acompañan la demanda, aparecen competencia, conductas anormales, desigualdad en el consumo y caída del desempeño. Más adelante, estas cachorras fuera de estándar se convierten en un desafío adicional durante la selección.

La segregación temprana de las cachorras de reposición respecto de los animales destinados a faena permite un manejo diferenciado, mayor control sanitario y seguimiento más preciso del desempeño. Planes vacunales bien estructurados, junto con un uso prudente de antimicrobianos, favorecen el adecuado desarrollo del sistema inmune.

La recría no es una etapa de transición automática, sino un punto de control decisivo para preservar la uniformidad y el potencial productivo de la futura reproductora.

Selección: la etapa que define quién continua

La selección es una de las instancias más determinantes del protocolo de reposición. En ella se define qué hembras están en condiciones de sostener desempeño reproductivo y permanencia en el plantel. Por ello, debe ser rigurosa, estandarizada y basada en criterios objetivos.

El aparato locomotor es el primer punto crítico. La evaluación de aplomos incide directamente en la tasa de retención y en la capacidad de la hembra para mantenerse productiva a lo largo de los ciclos. Alteraciones locomotoras incrementan el riesgo de descarte prematuro y reducen la vida útil.

La calidad del aparato mamario es otro criterio central. Las cachorras destinadas a reposición deben presentar como mínimo 14 pezones funcionales, requisito básico para cumplir los objetivos de lechones destetados tanto en el primer parto como durante su vida productiva.

También deben considerarse la integridad general del animal, el historial sanitario y el cumplimiento de los rangos de peso y edad establecidos por la empresa genética. Estos parámetros reducen la variabilidad y permiten proyectar con mayor precisión los resultados reproductivos.

Sin infraestructura adecuada, la selección pierde eficacia. Un área específica, bien iluminada, con espacio suficiente para evaluar locomoción y pezones, balanza calibrada y una rutina organizada de evaluación son condiciones mínimas para que el proceso sea técnico y no circunstancial.

Pubertad y servicio

Entre la selección y el servicio, una de las principales causas de fallas reproductivas es la falta de rutina. La estimulación inconsistente de la pubertad y la ausencia de registros de los celos previos a la inseminación reducen la previsibilidad del manejo.

La estimulación debe ser diaria y continua, utilizando machos celadores de buena calidad, sexualmente activos y con adecuada libido. Siempre que sea posible, se recomienda el contacto directo, hocico a hocico. La detección y el registro sistemático del celo son fundamentales para orientar decisiones y minimizar retrasos reproductivos.

Se recomienda realizar el servicio a partir del segundo celo, cuando la hembra presenta mejor preparación fisiológica.

El flushing es una herramienta complementaria que debe aplicarse con objetivos claros, respetando tiempos mínimos de adaptación y evitando excesos que puedan comprometer la condición corporal.

Peso, edad y condición corporal deben manejarse como rangos técnicos de referencia, ajustados a la genética y al sistema productivo. Sin metas definidas, el manejo pierde dirección y aumenta la variabilidad de los resultados.

Pilares de un protocolo sólido de preparación

La preparación de cachorras es el resultado de la integración entre ambiente, manejo y equipo humano. Si uno de estos pilares falla, el potencial genético queda subutilizado.

Entre las variables estructurales que sostienen un protocolo de reposición eficiente se destacan:

La genética aporta el potencial; el manejo lo transforma en resultados. Cuando la preparación de las cachorras se realiza correctamente, la longevidad y la productividad dejan de ser una expectativa y pasan a ser una consecuencia. Acertar antes del primer servicio es, en la práctica, asegurar mayor previsibilidad y eficiencia en todo el ciclo productivo.

 

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